"Sabía bien qué hacía allí, lo que no llegaba a entender es porqué era de
noche y porqué la pareja estaba también.
Mi trabajo consistía en algo que siempre se ha hecho, tanto de manera
formal como informal, cuidar una casa para sus dueños y atender las necesidades
de su querida hija.
Pero ese día era diferente; primero, porque no era día, lo cual me llenaba
de una pequeña ansiedad que trataba de ocultar por todos los medios; segundo,
porque si la familia se encontraba allí, eso significaba algo más que cuidar de
la niña. Y así fue, significaba soportar las burlas de estas personas por las
que había empezado a trabajar demasiado recientemente; significaba también
tener más responsabilidades.
Aunque me pareciera increíble, y hasta hoy no llego a saber si fui yo quien
los propuso para esa extraña cena o fueron mis nuevos jefes, los que
aparecieron en la mansión fueron unos adultos que yo conocía muy bien,
demasiado bien, como si hubiera pasado mi vida entera con ellos.
Pronto se vio que no iba a ser una cena amistosa, con aireos de miradas o
frases hechas, tan hechas que se volvían afiladas. Y así, un descuido mío, se
convierte en una nueva riña. Tanto me hacía sospechar que algo no iba bien en
esa casa, y mis alarmas se dispararon cuando en un tono descuidado en la
conversación, la mujer despertó mi curiosidad pero también algo oscuro y más
profundo.
– ¿Y si nosotros no fuéramos más que unos criados también en esta casa, y estuviéramos
jugando contigo? – dijo ella, con tanta sorna en la voz como para hacer reales
todas y cada una de las sílabas que pronunciaba.
No se decir si fue el alcohol aquella noche, o fue algo más, a la mañana
siguiente mi único deseo era acabar con ellos, al menos con esa niña y jugar de
un modo cruel y despiadado con las personas que habían herido mi dignidad.
Los perseguí, tan centrado en mis intenciones, que mi familia se dio
rápidamente cuenta del asunto.
Tengo que admitir que nunca me había sentido tan cruel, tan perfecto y
malvado. No era más que un juego lo que me disponía a hacer, un juego perverso,
tal y como ellos habían estado jugando conmigo – o eso es lo que mi cabeza me
decía –.
Ahora huían asustados alrededor de ese monumento repleto de turistas, con
el sol apretando y ahogando su respiración, y todo esto yo lo sentía y me hacía
vivir. Mi cabeza ideaba planes diversos para disfrutar de mi venganza mientras
mis familiares estaban desesperados intentando explicarse porqué estaba
sucediéndome esto.
Mi hermano fue el primero en caer, aunque también el primero en conocer mi
auténtico plan.
– ¡Para, por favor! ¿Por qué estás haciendo esto? – demostraba terror en su
rostro, y eso henchía mi ego.
– No, apártate de mi camino, esto no tiene nada que ver con vosotros –.
Pero fue demasiado tarde, se abalanzó sobre mi y no tuve más remedio que sacar
el cuchillo que llevaba escondido y atacar.
Lo dejé tumbado bajo la mirada de mis progenitores y también la de aquellos
a los que les estaba destinado el malévolo final. Antes de dejarlo allí y
marchar hacia los otros, volví mis ojos hacia los suyos y le indiqué que
fingiera estar muerto, que la niña estaba mirando y la diversión solo acababa
de comenzar. Con su mirada me demostró que lo había entendido, y que también le
emocionaba formar parte de este juego, mi juego."
No hay comentarios:
Publicar un comentario